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En El Juego de la Llave nos ponemos en contacto con la rutina cotidiana de la vida de una familia – el padre, la madre y un niño. La historia transcurre en un apartamento, y se centra en el juego que la familia juega cada noche. Dicho juego, nos iremos enterando gradualmente, no es sino un ejercicio para la preparación de un rápido ocultamiento del padre en el caso de que alguien lo buscara. El papel del niño era demorar a quién esperaba tras la puerta, haciendo a propósito todo más despacio hasta abrir. La narración nos descubre la existencia insoportable en una realidad en la cual las normas de vida violan y destruyen los principios más básicos del ser humano. La situación de la familia luego de la cena es aparentemente banal. La descripción es ingenua (la historia se aclara por completo solamente hacia el final). Solamente en la segunda mitad de la historia podemos comprender el significado del juego. Pero los inicios inquietantes existen ya al comienzo de la historia: La descripción de la cocina en el primer párrafo, “era amarilla casi por completo, y las paredes estaban llenas de humedad”, el hecho de que se trataba del tercer apartamento en el que la familia vivía desde el estallido de la guerra, el hecho de que la familia estuviera escapando, un movimiento de ojos del padre y por supuesto el llamado a cumplir con la “obligación del juego”. El juego es el núcleo de la historia. Participan en él padre e hijo, y la madre es como si observara desde un costado, controlando lo que sucede. A diferencia de los juegos de niños (o de adultos) habituales, no hay en este juego una huída hacia un mundo imaginario, libre de peligros. En el mundo de los protagonistas de la historia, el juego es fiel a la realidad: El éxito o el fracaso en las tareas son cruciales. A través de las preguntas presentadas vamos a discutir la fractura de la familia judía en el período del Holocausto. ¿Cuál es el significado de la vida escapando? ¿Qué sucede con el papel de cada persona en la familia? ¿Qué sucede con los vínculos dentro de la familia? ¿Qué sensaciones pueden aparecer ante la permanente necesidad de esconderse? ¿Y ante la separación de los miembros de la familia? ¿La idea de “casa” – que significados tiene? ¿Acaso esos significados eran válidos en la realidad que se describe en la historia? Presentación Los alumnos discutirán los diversos significados del nombre de la narración mediante asociaciones con las palabras “juego” y “llave”, y sus diversas combinaciones. Preguntas presentadas para la discusión 1. ¿Cuál es el tema de la historia? 2. ¿Cuáles son los detalles de esta historia que indican que transcurre durante el Holocausto?
3. ¿Qué es lo que ocupa el centro de la trama? 4. ¿Porqué el ejercicio de ocultarse se hace en un juego? El juego es un componente importante en la vida del niño. Durante la mayor parte de las horas del día se halla ocupado en juegos, y así es que para quitar de las espaldas del niño el peso de la responsabilidad que implica la tarea, los padres crean una situación imaginaria. El juego está destinado a simplificar el difícil papel que le ha tocado al niño. Establece una valla entre el mundo infantil y protegido del niño y los peligros que acechan afuera. 5. ¿Quiénes participan en el juego y cual es el papel de cada uno?
6. ¿Quién tiene el papel principal en el juego? El niño. El destino de la familia depende del éxito que tenga en su tarea: ajustarse a los tiempos (para que el padre tenga tiempo de ocultarse), hacer ruido, aparentar naturalidad, decir las cosas adecuadas y así. 7. El juego, tal como se los describe en el relato de Ida Fink ¿Guarda relación con las asociaciones que se anotaron en la pizarra al comienzo de la clase? 8. ¿Cuáles son, a su entender, las tareas asociadas al papel de padres? ¿Cumplen los padres del relato con estas tareas?
En el relato se entiende que los padres del niño se preocupan por él y lo aman, aunque junto al intento de preservar en alguna medida el marco familiar, está el temor existencial. Por ello es que el niño tiene un papel crítico: él es quién debe defender a los miembros de su familia. En sus manos está la "llave" [en hebreo la misma palabra puede significar clave y llave] para salvar sus vidas. 9. Características de los personajes: ¿Tienen los personajes características físicas o personales como nombre, aspecto o carácter? 10. ¿Por qué no se los presenta por su nombre? ¿Cómo influye esto sobre el lector? Recomendamos concluir la clase con la frase con que se cierra el relato. “"Muerto", contestó el niño y se arrojó sobre su padre, que estaba parado a su lado guiñando los ojos de manera graciosa, pero hacía ya tiempo que él mismo se hallaba con los muertos, para todos aquellos que llamasen de verdad.” (Ida Fink, “El Juego de la Llave”en: El Fin de mi Primer Mundo, serie clásica de bolsillo Arte para el Pueblo / Pueblo Trabajador, Tel Aviv 1997, página 40).
20 de diciembre de 1941 [...] alcanzó papá a liberarse? Mamá corre hacia delante para observar de cerca los rostros de los que marchan, y yo tras ella. [...]Un poco más y ella se mezclará con los que marchan – ella adelante, y yo detrás, retrocediendo de las columnas cercanas y de los alemanes que las rodean – y de pronto se oye una orden cortante ¡HALT! [¡Alto!]. Mamá es como que se desentiende de la orden y se dirige hacia el alemán, preparada para explicarle en fluido alemán que aquí hubo un error, que no es necesario que su esposo pase a Riga, no es que su familia se queda aquí?, y su pequeña hija en brazos de su mamá, y él mismo, es un trabajador imprescindible, pueden traerse comprobantes de ello en forma inmediata. Pero parece que desde el comienzo el soldado no se interesa por sus argumentos ni oye sus palabras, sino que solamente levanta su fusil directo hacia mamá mientras ordena en forma enérgica y encolerizada ¡HALT!¡HALT!.”
“...papá trepó hasta allí detrás de mí. Luego vimos que también mamá, y ambos se cubrieron con atados de paja, y allí estuvimos acostados horas. Y el alemán buscaba, pero no sólo el alemán, también el goi [gentil]. Y había gritos, todo eso duró muchísimo tiempo. Casi al anochecer, el alemán dijo que si esos judíos no salían de su escondite, él le pondría fuego a toda la paja. Y en el momento en que papá oyó eso, papá sujetó a mamá por las piernas (luego entendimos que era por una pierna), pero ella le dio un puntapié y salió de la paja tirando sobre nosotros un montón de atados. Nosotros casi nos asfixiamos. Ella saltó hacia abajo. Tomó todo lo que había allí, alguna maleta con ropa, todo lo que había. Tomó eso, descendió, y se presentó ante el alemán diciéndole: ¿Usted me buscaba? El le preguntó: ¿Dónde estabas? Entonces ella respondió: Estaba aquí arriba, acostada entre atados de paja. El le preguntó: ¿Dónde están tu marido y tu hija? Y ella le contestó: ¿Porqué piensa usted que estuve aquí acostada todo el día? Yo estaba aquí acostada porque esperaba a que ellos huyeran, venga y yo le mostraré por donde huyeron. Y ella empujó la puerta diciendo: Aquí, ve usted, aquí hay una escalera, por esta escalera descendieron ellos del escondite. Y era prácticamente al lado del bosque, y ellos entraron al bosque y han estado allí tiempo suficiente para que mi marido alcanzara a alejarse a través del bosque, usted nunca en la vida encontrará a mi hija. Mi hija seguirá con vida, usted nunca en la vida encontrará a mi hija. Ella gritaba muy, muy fuerte.
“El 8 de marzo de 1944 me despertó a las cinco de la mañana un tumulto de pasos y voces extrañas, y sobre la ventana opaca del dormitorio se recortó la silueta de un soldado nazi. Nos ordenaron vestirnos: nos levantamos semidormidos, paralizados, rehusándonos a creer. Los documentos de identidad falsificados no tuvieron ninguna utilidad, dado que también a nosotros nos entregaron en manos de los fascistas, como consecuencia a los alemanes. ″Mamita, vuelve pronto...″, se oyó la voz de la niña más grande (de tres años y medio); la segunda (de once meses), después de una larga noche de llanto caprichoso, todavía estaba aturdida y confundida. Gracias a Dios, no se las llevaron enseguida. Anetta, la niñera que hacía treinta años compartía la vida de la familia, desafía las amenazas de los nazis que están por volver en poco tiempo. Se escapa con las niñas y las salva de la detención.”
“A mi niña querida, la más preciosa de todo: Cuando te di a luz, querida mía, ni se me cruzaba por la mente la idea de que después de seis años y medio me vería obligada a escribirte una carta como ésta. Te vi por última vez el día de tu sexto cumpleaños, el 13 de diciembre de 1943. Tenía la ilusión de verte otra vez antes de irnos, pero ahora sé que eso no ocurrirá. No quiero ponerte en peligro. Nosotros viajamos el lunes y hoy es viernes por la noche...Me llevo conmigo tu imagen querida, como era en nuestro hogar, toda tu charlatanería infantil, simpática, el olor de tu cuerpo puro, el ritmo de tu respiración, tu sonrisa y tu llanto; me llevo conmigo el miedo terrible, abismal, que el corazón de tu madre no fue capaz de aquietar tan siquiera un instante...Recuerda con cariño a tus abuelos y abuelas tan respetados, a los tíos y a las tías y a toda la familia. Guarda el recuerdo de todos nosotros y por favor, no nos culpes. Y en cuanto a mí, tu madre, perdóname niña querida por haberte dado vida, mi deseo era traerte al mundo en tu comunidad para que vivieras tu vida, pero si las cosas fueron tomando otro camino, eso no fue por nuestra culpa; por eso te imploro, mi pichoncito querido, mi único pichoncito, por favor no nos culpes. Esfuérzate por ser buena como tu padre y los padres de tu padre, y ama a los que ocupen el lugar de tus padres y a su familia, que seguramente te contarán sobre nosotros. Quisiera que puedas apreciar todo lo que ellos se sacrifican por ti, y que seas para ellos un orgullo, para que no tengan motivo alguno para arrepentirse de la carga que se impusieron a sí mismos, por su propia voluntad. Otra cosa quisiera que supieras, y es que tu madre fue una mujer orgullosa, a pesar de todas las humillaciones a que nos sometieron nuestros enemigos y si es que su destino ha de ser morir, morirá sin condenas, sin llanto, sino mirando a sus verdugos con una sonrisa burlona.
Sara y Yejiel Gerlitz de Bendin (Polonia), confiaron su única hija Dita, de seis años, a un amigo polaco. Sintiendo que ellos no volverían a ver a su hija, le dejaron esta carta, para que ella la leyera cuando creciera. La pareja sobrevivió y emigró a Israel junto a su hija. Z. Bejerach (editor), Ele dibrei ajaronim – Mijtavim ajronim min hashoah [Esas Ultimas Palabras – Ultimas Cartas del Holocausto], Yad Vashem, Israel 2002, páginas 253-254. |
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