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“Mientras yo esté entre los vivos, ustedes hermanos míos están menos muertos”
La historia de la Testigo Malka Marisha Rosenthal (nacida Dulberg)
Ceremonia del Día del Holocausto 5767

 

printer Para imprimir el plan de lección pulsen aquí.

Destinado a la sección superior [secundaria - preparatoria]
Duración de la ceremonia cerca de 30 minutos

El tema anual del Día del Holocausto 5767 está dedicado a testigos y testimonios. La ceremonia trata de la historia de una testigo entre muchos. Su historia comprende la historia de los sobrevivientes. La ceremonia combina pasajes del testimonio de Malka Rosenthal, pasajes de narrativa que cuentan sus tribulaciones y canciones. Entre las canciones, una canción escrita por Malka, que puede ser telecargado del sitio.

“Yo también viví mucho en fantasías.  Lo que recuerdo es que en el tonel reconstruía juegos.  Recuerdo que le hablaba a Losha y a Imak y a Pola y a todo tipo de amigas que ya no vivían.  Recuerdo que las actuaba a ellas, es decir, yo era todos.  […] Me hacía como muñecas con la paja.  [...] Yo no soñaba, no había sueños.  Pero tenía como alucinaciones.  [...] Y también siempre pensaba que se iba a terminar, que estaba por terminarse.  Es decir, si no hoy entonces mañana, entonces pasado mañana.  Pero mi madre vendrá un día.  Ante todo tenía un objetivo – la guerra ciertamente terminará, y era obvio que los alemanes perderán.  [...] De alguna manera, a mí me era claro, realmente no entiendo por qué.  Y yo quería vivir.  Yo viví.  No comparé que antes tenía así y ahora.  Esa es mi vida, yo existo, yo respiro, entonces yo vivo”.

Malka-Marisha Rosenthal (nacida Dulberg) tuvo una infancia ordinaria hasta los cinco años.  Su familia vivía en una casa bonita en Stanislavov, una ciudad en Galicia oriental.  Su padre, David, era un comerciante de éxito, que usaba una quipá y hablaba idish y polaco.  Su madre, Fany, se graduó de la Universidad de Levov, provenía de una familia asimilada, de mucha educación y próspera.  Como era de costumbre en esos días, la institutriz familiar Fany Denis crió a Marisha.  La vida de Marisha cambió al estallar la guerra.

“No recuerdo la palabra ‘Jid’ en polaco o algo así, antes de la guerra.  Fue una gran sorpresa para mí cuando de repente me volví judía.  Es decir, judía en el sentido negativo.  Puede ser que sabía que era judía.   Ello no constituía del todo material de pensamiento, ciertamente no a esa edad.  No puedo recordar nada respecto al judaísmo en la edad de niñez justo antes de la guerra [...Cuando estalló la guerra] yo cual camaleón cambié mi piel.  Pero no recuerdo eso como algo muy traumático.  Recuerdo que me adapté, lo acepté.  Pues antes fuimos así y ahora somos de otra manera”. 

Tras la invasión de los alemanes a los territorios de la Unión de Repúblicas Soviéticas, en la segunda parte del año 1941, la ciudad de Stanislavov fue conquistada por ellos y Marisha y los miembros de su familia fueron obligados a pasarse al ghetto.  Marisha tenía seis años y medio.  En su testimonio Marisha describe la primera acción militar [aktzia] en el ghetto.

“Nos escondimos en el ático.  Pero allí había muchas personas y no había tranquilidad, hubo gritos, niños llorando y gritando.  Llegó un alemán y quizá quince ucranios.  Subieron al techo y abrieron la puerta y nos dijeron que bajemos  [...]  El alemán nos colocó en una fila [...] y nos miró, [...] yo lo miré y él me miró, y nos encontramos en la mirada, y de repente dijo: ¡No!  [...] Repitió nuevamente todo el proceso de selección [selectzia], y nos dejó a mi madre y a mi y los otros se fueron.”

La vida en el ghetto de Stanislavov era muy difícil, además de la hambruna diaria, los alemanes llevaban a cabo múltiples acciones militares.  El departamento de la familia Dulberg se hacía cada vez más apretado.  Adultos y niños que llegaban de todos los alrededores pasaban a vivir con la familia.  Los niños casi no salían de la casa debido a los peligros que los acechaban en las calles del ghetto.  Pasaban el tiempo en juegos dentro de la casa.  Entre otros juegos, jugaban a las escondidas deslizándose a la pared doble construida entre dos cuartos.

A Mis Amados los Muertos*                           
Letra: Malka Rosenthal
Música: Dor Veksler

Mientras yo esté entre los vivos
Ustedes mi hermano Kopole y mi madre Fany están menos muertos.
Mientras mi nombre se eleva, en los labios de mis hijas y mis nietos,
Ustedes mis amigos de niñez
Leibush, Pola, Losia y todo el resto,
Siguen “jugando” conmigo en todos los juegos.
Juntos nos repartimos las migajas,
Juntos entre las paredes jugamos a las escondidas con los asesinos.

Perdónenme mis amados los muertos

Mientras yo esté entre los vivos
Ustedes hermanos míos están menos muertos.

Con ayuda de la institutriz, Fany Denis, Marisha y su madre fueron sacadas de contrabando fuera del ghetto, a un escondite donde un profesor ucraniano.  El padre se vio obligado a quedarse en el ghetto.  Durante su estadía en el escondite se enteraron que hubo una acción militar grande en el ghetto, se perdió el contacto con el padre.  Marisha y su madre creían que el padre fue asesinado.  Después de un tiempo, Marisha y su madre tuvieron que dejar la casa del profesor debido al peligro de ser descubiertas.  Al viajar en tren fueron reconocidas por residentes locales que intentaron entregar a Marisha y a su madre a la Gestapo.  De entre la muchedumbre se acercó un ucraniano que informó que él lo haría, pero a escondidas las llevó a su casa y allí les reveló, para sorpresa de ellas,  que el padre estaba vivo.  Unos días después las condujo a la casa del guardabosque donde residía el padre.  Al tercer día de su estadía los alemanes condujeron una búsqueda.

“Estábamos sentados en un granero muy alto.  [...] Era de mañana.  Mamá me lavó, entonces estaba medio desnuda y papá estaba sentado.  Y adentro de esta situación en la que mamá me lavaba y me hacía cosquillas, y jugaba conmigo [...], repentinamente el alemán movió el paquete de paja y nos vio a los tres así, en esa situación.  Hubo cierto asombro  [...] Él retrocedió y bajó por las escaleras a llamar al gentil [goi] y mostrarle qué tesoro había encontrado.  Fueron ésos momentos aislados, pero luego resultó que papá preparó con anticipación un hueco que llevaba hasta el suelo.  [...] Recuerdo a mamá diciendo: David, salvemos por lo menos a la niña.  Y ellos me empujaron, me botaron hacia adentro, y me recuerdo a mi misma  [...] cayendo, volando, chocándome con esos paquetes de paja y aterrizando en una tipo de forma raro con la cara y la cabeza adentro de algo como un cuadrado pequeño de luz.  [...] Papá  [...entró] ahí en pos mía.  Luego resultó que mamá también.  Se cubrieron con los paquetes de paja, y yacimos allí por horas”.

El pasaje siguiente puede ser teatralizado por medio de un locutor y dos actores.

Fueron ésos los últimos momentos en los cuales la familia estuvo junta:

“Y hubieron gritos y continuó por mucho tiempo.  Casi al anochecer, el alemán dijo que si esos judíos no sales afuera el pondrá fuego a toda la paja.  Y al momento de oír eso, papá agarró a mamá por las piernas, [...] pero ella le pateó con fuerza y salió afuera nos echó encima muchos paquetes de paja.  Nosotros casi nos ahogamos.  [...] Ella tomó todo lo que había allí, una maleta con ropa, todo lo que había.  Lo tomó, bajó abajo, y se acercó al alemán y le dijo: ¿Me buscaba?
Él le dijo: ¿Dónde estuvo?
Entonces ella le dijo: Estuve acá arriba, me eché dentro de los paquetes de paja.
Él preguntó: ¿Dónde están su esposo y su hija?
Entonces ella dijo: ¿Por qué cree que estuve echada aquí todo el día?  Estuve echada porque esperé a que ellos escapen, venga y le mostraré de dónde escaparon.  Y ella empujó ahí una puerta y dijo: Aquí, usted ve, aquí  hay una escalera, por esta escalera ellos bajaron del hueco.  Y estaba realmente en el extremo del bosque, y ellos entraron al bosque y están allí tiempo suficiente para que mi esposo pueda alejarse dentro del bosque, usted nunca en su vida encontrará a mi hija.  Mi hija quedará viva, usted nunca encontrará a mi hija.
Ella gritó muchísimo.  Papá no sabía qué hacer.  Puso su mano sobre mi cara, sobre la boca, pero no pudo cubrirme los ojos, [...] temió que yo grite.  Pero no pudo cubrirme los ojos.  Y entonces el alemán disparó y mató a mamá.”

Ven Mamá
Letra: Lea Naor
Música: Yoni Rechter

Hace tiempo que se fue toda la luz,
No te vayas tú también de repente.
Ven mamá, ven mamá,
Ven siéntate un poco conmigo.

El viento golpea a los árboles,
Y tus manos están tan cálidas.
No te vayas, cuéntame mamá
Cómo vienen los sueños.

Pero de repente aparecerá un ángel,
A mi cuarto despacio vendrá,
Ven mamá, ven mamá
Y veme tú también.

No, no temo en la oscuridad,
Y no tiemblo del todo.
Ven mamá, ven mamá,
Siéntate conmigo hasta que crezca.

El pasaje siguiente puede ser teatralizado por medio de un locutor y dos actores.

La madre sacrificó su vida, y salvó a Marisha y a su padre, y a la familia del guardabosque.  A mitad de esa noche pidieron a Marisha y a su padre dejar la casa.  Era invierno.  Marisha estaba desnuda y sin zapatos.  El padre le hizo ropa de un saco, y unió partes en polainas para que le protejan las piernas.  Marisha y su padre se escondieron en el bosque nevado unas cuantas semanas, comiendo lo que encontraban en el bosque.  En las nieves del invierno, cuando pensaban que no podrían sobrevivir, encontraron otro escondite.

“Había allí una canaria pequeña en una jaula.  [...] Ella trató de llamar mi atención a esa canaria.  [...] Yo le dije: ¿Por qué tienes a la canaria en la jaula?  Entonces ella me dijo: Porque de otra manera se volará.  Le dije: Pero ella quiere libertad, ella no quiere estar en una jaula.  Entonces me dijo: La libertad es a veces algo peligroso, y si ella se vuela afuera, hace mucho frío y morirá, aquí en la jaula está protegida y le va bien.  En ese entonces yo ya había llegado a la conclusión que la libertad no siempre es tan buena.  Es decir, que si me esconden y me mantienen en algún escondite pues aparentemente eso es bueno para mi”.

Vuelve a tu Casa
Letra: Dalia Rabikovich
Música: Shem-Tov Levi

Qué buscas afuera niña
Tu pie no encuentra descanso
Ave herida, regresa a mi
Y vuelve a tu casa.
Escucha las voces
El trueno de los techos de las casas
Cuida tu alma de la voz de la tormenta
Vuelve a tu casa

Luna alta de medianoche
Luz sobre las ramas del árbol
Deja a tu alma oír
Un pequeño canto

Ahí creció el ajenjo
Ahí hay un alma que hace temblar de frío
Ventana sombría y celosía cerrada
Vuelve a tu casa

Luna alta de medianoche...

Eleva tu ojo a los cielos
Ya la fisura del amanecer se pone gris
Se estremece ya un pájaro
Vuelve a tu casa

Luego de encontrar refugio en una casa polaca, también esta vez Marisha y su padre tuvieron que irse.  Finalmente, encontraron refugio en el hogar de una familia de pueblo, simple y pobre, la familia Cot.  El padre le anunció a Marisha que decidió unirse a los partisanos, y ella se quedó sola.  Marisha fue transferida de la casa al establo, donde se le preparó un nuevo escondite – un tonel.  Marisha, que ya tenía siete años y medio, se escondió en el tonel durante un año y ocho meses.

“En el comedero, donde comía la vaca, había una abertura.  [...] Luego entendí que era un tonel que estaba lleno de paja.  Allá había [...] una frazada calurosa para cubrirse.  [...] Me dijeron que me eche allá.  Me eché allá.  Me metían allá comida una vez al día, a veces dos veces al día  [...] Había allá un perro negro así que lo llamaban Diable.  Diable me quería mucho y yo lo quería mucho a él.  No dejaba entrar al establo a nadie.  Venía a mí y se sentaba en el comedero, yo me abrazaba con él y me sentaba con él y jugaba mucho con él.  De hecho, cuando lo pienso, él era como un niño.  Es decir, en cierto momento incluso pensé que él sabía hablar.  Me lamía y era mi amigo.  [...] Y así de hecho pasaba el tiempo allá.  [...] En ese año no vi a personas del todo.  De vez en cuando venía el viejo, Cot, y me sacaba y paseábamos así un poco.  Me apoyaba en él. Yo tenía dificultades para caminar, y él me sacaba y así dábamos vueltas.  En cierto momento tuve también dificultades para ver.  [...] Regresé al tonel hasta el año 1944”.

Marisha vivió en el tonel desde la edad de siete años y medio hasta los nueve años.  Le estaba prohibido pararse en el tonel y por supuesto salir de él hasta las horas de oscuridad.  En esta época Marisha perdió el sentido del tiempo y cayó enferma con enfermedades duras en julio de 1944, el pueblo fue liberado por los rusos.  Su padre fue herido e internado en un hospital en Chernovitz.  Marisha siguió viviendo en la casa de la familia Cot y se convirtió al cristianismo.  Luego, el padre de Marisha se casó con una nueva esposa, y Marisha pasó a vivir con ellos en Stanislavov.  Dado que le fue difícil adaptarse a esa vida, Marisha eligió pasarse al kibutz de niños e inmigró a Israel [hizo aliá] en el barco de la inmigración ilegal [maapilim] “Exodus”.
Malka-Marisha contrajo matrimonio con Dov y les nacieron dos hijas: Tzipi y Pazit.  Malka no habló de su pasado hasta la década de los noventa.
Hoy en día Malka es abuela de Ofir, Omer, Adi, Hadar, Amir y Amit, “para los cuales todo vale la pena”.
Malka escribió un libro para niños acerca de “Marisha”, ella se encuentra con alumnos y cuenta su historia.

“Hay en mi una desperdicio de vida que pudo ser diferente.  Nací en un mundo y llegué a otro mundo.  Puedo jugar en si hubiera sido.  Si hubiera sido así y así, qué hubiera pasado.  Pero no sé.  Por supuesto que quisiera que mi niñez sigua como debía haber sido.  Me imagino que mi madre planificó algún sendero de vida para mí, como toda madre planifica para sus hijos.  Pero no soy solo yo, es todo un mundo entero que fue destruido.  No sé si es un desperdicio personal.  No puedo hablar sólo sobre mí.  Es todo el mundo destruido, es que no existe nada, no existe nada de lo que había.  Entonces hoy  yo  cuento [...]  Es parte de mi y morirá conmigo y terminamos.  Quizá ese es el motivo por el cual quise perpetuarlo, porque es la verdad”.
 

A Mis Amados los Muertos *                
Letra: Malka Rosenthal
Música: Dor Veksler

Perdónenme mis amados los muertos
Estoy viva, río, canto
Y llevo sus nombres en mis labios y en mi corazón
Día a día, hora a hora.
Cuando llegue mi día,
No los llevaré a ustedes a la tumba conmigo.
El nombre de ustedes resonará de un extremo del mundo al otro,
Y servirá como lápida viva y como señal de alerta al mundo
Contra ese espanto.

Mientras yo esté entre los vivos
Ustedes hermanos míos están menos muertos.

Al final de la ceremonia se puede hacer oír la canción de Malka Rosenthal en su totalidad.

A una lectura adicional sobre Malka Rosenthal y a observar el testimonio grabado


* “A mis Amados los Muertos”
Letra: Malka Rosenthal
Música: Dor Veksler
Soprano: Shlomit Tennebaum
Piano: Dor Veksler
Coro: León Kijler, Shaul Goren, Oded Albert, Dor Veksler
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