|
“Menos, pero aún duele”
La
historia de Uri Orlev
Acto
del Día de la Shoah (Iom HaShoah),
5757
Para
imprimir el plan de lección pulsen aquí.
Destinado a las escuelas primarias
Duración del acto - unos 30 minutos
Uri nació en 1931 en Varsovia,
Polonia, con el nombre de Henryk Orlovsky. Todos lo llamaban Yurek.
“Nací en Varsovia en 1931. Mi padre era médico. Yo quería ser conductor
de tranvía. Quería estar de pie, apoyado sobre el asiento del conductor,
junto a la palanca de conducción, advirtiendo a los que iban y venían,
carruajes, carretas y automóviles, apretando con mi pie el pedal
metálico que hacía sonar la campanilla, que tenía un sonido muy
agradable. Hasta que comprendí que un policía era mucho más fuerte, en
especial el policía que controlaba el tránsito, que con sólo levantar su
brazo hacía que todos los vehículos se detuvieran, o continuaran su
marcha, y decidí que sería policía.”
[1]
Niñez olvidada
Realización: Nurit Galron Letra:
Yaacov Gilaad Música:
Yehuda Ravitz
Viejo
camino, sendero en
el jardín, árbol y
casa. Papá aquí, mamá allá, aquí me
quedé. Lo que fui una vez,
hace tiempo, lo que
ahora es, niñez
olvidada.
Barraca
verde, no muy
lejana, la escuela. El que
quedó, el que
pasó, quién ya no
está, lo que
fuimos, una vez,
hace tiempo, lo que me
trae siempre a la misma, niñez
olvidada.
Recuerdo
como caminábamos siempre, por la
calle que se iba quedando desierta. Nada
cambió;
tan sólo
aquí y allá se hace más débil el color, quizás sea
tan sólo el corazón que envejece.
Otro año, ya
aprendimos, quién soy
yo, quién eres
tú. Ya perdimos, lo que
fuimos, una vez,
hace tiempo, lo que aún
me trae siempre a la misma, niñez
olvidada.
Recuerdo
como nos prometimos, sin saber, cuando y
como volveríamos a encontrarnos. Parece que
fue tan sólo ayer, pero ya se
pone el sol, quizás sea
tan sólo el corazón que envejece.
Sendero en
el jardín, árbol y
casa. Papá aquí, mamá allá, aquí me
quedé. Lo que fui una vez,
hace tiempo, lo que aún
me trae siempre a la misma,
niñez olvidada. |
|
Propuesta para la realización: Mientras
se oye la canción pueden proyectarse fotografías familiares de Uri Orlev. |
Zofia y Maximilian, padres de
Yurek, pasaron a vivir a la aldea poco tiempo después del nacimiento de
su hermano Kazyk, para alejarse de las calles de la gran ciudad y vivir
en espacios más abiertos. Su padre era médico y su madre le ayudaba en
su clínica de la ciudad. Yurek era un niño como todos. Le gustaba leer
libros y jugar a los juegos de aventuras.
“Leí muchos libros, aún antes de la guerra. (...) Me gustaban los libros
sobre guerras y aventuras que hacían poner los pelos de punta. Me
gustaban los libros con héroes adultos, o niños que atravesaban todo
tipo de adversidades e infortunios y sufrían mucho, hasta que todo se
ponía en su lugar y llegaba a un final feliz. Un libro que no tenía un
buen final me llenaba de estremecimiento, de una conmoción que persistía
mucho tiempo después de que terminara de leerlo. (...) Y cuanto más
leía, más crecía mi envidia hacia esos héroes que describían los libros.
¿Por qué a mi no me pasa nada?. Y entonces estalló la guerra.” [2]
Tempestad[3]
Uri Orlev
Calma, todo está en silencio y de pronto, la tempestad estalla,
rápidas corren las nubes por el cielo,
se agrupan y se tornan sombrías, el viento sopla, aúlla, se exalta entre las nubes.
Los árboles inclinan sus copas hacia la tierra, y el viento silba entre ellos con furor,
al fin una gota se deja caer desde lo alto, y otras mil, la tempestad se desata,
el rayo rasga de pronto la negrura, y un trueno terrible rueda tras él,
y entonces se disparan sin pausa los relámpagos,
y tras ellos golpea el rugido de los truenos (..)
|
El padre de Yurek fue reclutado
por el ejército polaco. Luego de un tiempo, por orden de los alemanes,
pasó Yurek, de 9 años, junto con su familia y los demás judíos de
Varsovia a vivir en el gueto. Para enfrentarse con la dura realidad de
la vida en el gueto, Yurek y Kazyk se inventaban cuentos e historias.
“Un día me inventé la historia de que la guerra, la Shoa, todo eso no
había ocurrido en realidad. Era solamente un sueño que yo había soñado.
Yo era el hijo del emperador de la China y mi padre el emperador había
ordenado colocar mi cama sobre un gran escenario y disponer a su
alrededor 20 (...) sabios... mi padre les ordenó dormirme y hacerme
soñar ese sueño para que cuando llegara el momento, cuando heredara el
trono de mi padre, supiera cuán malas son las guerras, que son el hambre
y que es ser huérfano, y no hiciera guerras. Este cuento despertaba un
gran interés en mi hermano. Cada vez que pasaba algo, que se producía un
estado de temor o de miedo y nos encontrábamos en peligro inmediato, mi
hermano me convencía para que le contara esa historia...” [4]
Gueto[5]
Uri Orlev
Cerradas por muros siniestros, calles judías pequeñas y angostas,
sombríos suspiros de hambre, allí la vida es terrible, terrible.
Los carritos viajan por las calles, y los caballos, silenciosos sus sonidos,
sólo judíos en los pisos de las casas, y los pocos caballos judíos
Ante ti la guardia de investigaciones, y en ella el gendarme y el policía,
esta es la valla que frena tus pasos, sólo el contrabandista no teme
Tú posas una mirada sufriente, el otro aspira tu mirada,
con el corazón enfermo de amarga pobreza, tu miras, hasta que duele
Está prohibido hasta dirigir la mirada, el guardia no permite ni una ojeada,
tú sueñas con un sendero en el campo,
sueñas con una fruta, sueñas con el verano (...)
|
Luego de un prolongado período
de permanencia en el gueto, los alemanes comenzaron con las
deportaciones de los judíos desde los guetos hacia los campos de
concentración y lentamente, lentamente, el gueto se fue vaciando:
“La mayor parte del gueto ya estaba vacía, esto es, vacía de gente.
(...) Vivíamos en un apartamento de un edificio (...) que se transformó
en una fábrica. Todas las otras casas y todas las calles de los
alrededores estaban vacías. Se podía salir a la calle, entrar en
cualquier portal, subir por cualquier escalera, abrir cualquier puerta.
(...) Entrar a cualquier apartamento y allí estaba todo. (...). Mi tía
me enviaba a veces, junto a dos muchachos mayores, a buscar carbón para
calentar nuestro apartamento. Yo también buscaba siempre el cuarto de
los niños. Y si encontraba un cuarto de niños ordenado, buscaba dos
cosas – estampillas, porque coleccionaba estampillas, y libros que
todavía no hubiera leído.”[6]
En las largas horas que pasaban
Yurek y Kazyk escondidos inventaban diversos juegos:
“Yo era Trazan, comandante del mundo, y mi hermano no era mi hermano,
sino mi enemigo en tiempos de guerra, y volvía a ser mi hermano, que se
encontraba al frente de un país vecino, en tiempos de paz. Cada uno de
nosotros tenía su gran ejército, y durante los seis años de la guerra
verdadera hicimos los juegos de guerra de nosotros. La forma del juego
la determinaban las condiciones – si era de noche, o en algún escondite
oscuro, simplemente hablábamos, que es lo que hago yo con mi ejército y
que hace mi hermano con el suyo. Cuando podíamos jugar durante el día
sobre el piso hacíamos las guerras de verdad, con soldaditos de plomo o
con ejércitos de piezas de ajedrez o con grandes pilas de naipes que
recogía de los departamentos de los deportados en las casas vecinas.”
[7]
Los sueños guardados
Realización: Mati Caspi/ Java Alberstein Letra: Ehud Manor
Música: Mati Caspi
Allí muy dentro de nuestro interior, se esconden voces y recuerdos,
muchas imágenes ya olvidadas, libros de maravillas y canciones.
Todos los recuerdos, día a día, los primeros sueños y todas las palabras de papá y mamá,
dichas hace tantos años.
Allí muy dentro de nuestro interior, se esconden voces y recuerdos,
muchas imágenes ya olvidadas, libros de maravillas y canciones.
Mundo maravilloso de nuestra infancia, dormido entre la sombra de las sombras,
está con nosotros hasta nuestro último día, oculto entre marañas de palabras.
Y a veces el rastro de un aroma, o un sonido conocido o un trozo de palabra
me devuelve un jardín en flor, vuelve a la línea de partida, y otra vez sueñas como un niño,
y otra vez eres ingenuo como entonces, estás en medio del celeste,
todo está conservado, nada se esfuma
Allí muy dentro de nuestro interior, se esconden voces y recuerdos, muchas imágenes ya olvidadas,
libros de maravillas y canciones. |
Luego de varios años de trabajo
duro y una vida insoportable en el gueto, la madre de Yurek enfermó. Fue
internada en el hospital del gueto.
“Mamá
se enfermó (...) Y fue internada en el hospital judío del gueto.
Nosotros nos quedamos con la tía Stefa. La noche antes de que mamá
perdiera el conocimiento, estaba acostada en su cama y la cabeza le
dolía con más fuerza que lo habitual. Ellas pensaron que yo dormía y
hablaban entre ellas. Mamá dijo:” ¿Qué será de los niños si no puedo
resistir?”
”No te preocupes, Zofia”, dijo la tía Stefa, “Yo me llevaré a los niños” Y
entonces mamá dijo: “Stefa,
llévalos junto a ti siempre, para bien o para mal.” Y la
tía Stefa lo prometió, y cumplió su promesa- (...)
Todo el tiempo que mamá vivió pensé, sentí, que existe una imagen como
transparente que me protege todo el tiempo. Casi podía percibirla
escabulléndose, por el rabillo del ojo. Pero nunca llegué a verla
realmente. Después de cierto tiempo mi madre reemplazó a la imagen
misteriosa y ella misma nos protegía.”
[8]
|
Propuesta para la realización: Se
puede representar la conversación entre las dos mujeres |
Ven Mama
Realización: Arik Einstein Letra: Leah Naor
Música: Ioni
Rejter
Hace tiempo que toda la luz se le
fue, no te vayas de pronto también tú, ven mamá, ven mamá, ven y siéntate un poquito aquí.
El viento golpea los árboles, y tus manos son tan cálidas,
no te vayas, cuéntame mamá, cómo es que vienen los sueños.
Si de pronto aparece un ángel, vendrá lentamente hacia mi
cuarto, ven mamá, ven mamá, y también tú lo verás
No, no le temo a la oscuridad, y no tiemblo para nada, ven mamá, ven mamá,
siéntate conmigo hasta que crezca
|
La madre de Yurek murió en
el hospital del gueto. Al morir la madre, la tía Stefa logró hacer pasar
a Yurek y a su hermano a la zona polaca de Varsovia, y luego de eso de
eso estuvieron escondidos en una aldea, en un sótano oscuro, durante
largas semanas. Al final, tanto Yurek como su hermano fueron llevados al
campo de concentración de Bergen-Belsen, la tía consiguió para ellos
documentos para la Aliá a Eretz Israel, y los hermanos se vieron
obligados a separarse.
“
“Yurek, oye, (...) mañana ya no habrá una tía que te explique cada
cosa.” (...) “No se
atrevan a decir su verdadera edad”,les recordó Stela “Tú
naciste en el treinta y cinco y tú en el treinta y tres. Recuerden, de
otro modo no tendrán tiempo suficiente para sus estudios, y se verán
obligados enseguida a ir a trabajar...Ustedes no son como todos los
niños. Ustedes perdieron los seis años de la guerra.”
Kazyk se reclinó sobre ella y calló.”
[9]
“Yurek
escribió un diario. En la primera página escribió con letras de
imprenta:
¿Quizás?
“¿Porqué quizás?” “Porque
siempre dijimos que Quizás nos salvaríamos.” “¿Tú
deseas escribir sobre toda la guerra?”
“Sí”, dijo Yurek” [10]
Luego de un largo viaje los
dos hermanos llegaron a Israel. Allí fueron enviados al Kibutz Ginegar.
“Este lugar, el kibutz, era un lugar sumamente extraño. La primera noche
después de llegar me sentaron sobre el pasto grande que hay al lado del
Comedor, y alrededor se agruparon todos los que hablaban polaco en el
lugar y yo les conté lo que había pasado durante la guerra. Durante
varias horas nadie se movió ni emitió ningún sonido. Sólo se escuchaba
la voz de los grillos, y a veces el mugido de una vaca o el ladrido
lejano de un perro. y sólo las estrellas se movían sobre las copas de
los cipreses (...)” [11]
Yurek Orlovsky cambió su
nombre por el de Uri Orlev. Se casó y hoy es padre de Li, Daniela,
Itamar y Mijael, y abuelo de Alía y Shaul. Uri fue escritor y escribió
muchos libros, entre ellos libros para niños.
“No sé si la escritura me ayuda para sobreponerme a lo pasado. Sólo sé
que yo no puedo hablar, contar o pensar sobre lo que pasó como un hombre
adulto. O en otras palabras: cuando yo recuerdo, vuelvo a transformarme
en el niño que fui, y todo vuelve a presentarse ante mis ojos como algo
sobreentendido. El hombre que soy hoy debe ir y venir con cuidado entre
esos recuerdos, porque pueden ser muy peligrosos. Es como si yo caminara
por la orilla de un lago congelado, teniendo todo el tiempo cuidado de
no pisar demasiado fuerte. Esto es, no hablar ni pensar acerca de lo que
pasó con los ojos del adulto que soy hoy. Eso puede ser como dar un
salto sobre una capa de hielo muy delgado. el hielo se rompería y
entonces me hundiría en el abismo. Y yo sé que posiblemente nunca podría
volver.”[12]
Menos, pero duele Realización: Yehuda Poliker Letra: Johnatan Guefen
Música: Yehuda Poliker
Con los días se olvida como si no
existiera, pero cuando la noche acecha, te dice así, entre nosotros,
menos, pero aún duele.
Lo que en mi se ha herido, se hirió
y sanará, casi no pienso, se aprende a estar así, menos, pero aún duele.
Con una copa y una galleta se puede
endulzar, no hay límite para las huidas, no desapareció, sólo se alejó o se
adormeció, y duele, pero menos, no desapareció, sólo se alejó, duele, pero menos.
Menos, pero todavía, todavía
lastima, va y viene, tú sabes, duele si yo, si yo te toco, duele si tocas tú.
Menos, pero todavía, todavía lastima, va y viene, tú sabes,
duele si yo, duele si tú, duele si tocas tú.
Con los días se olvida como si no existiera,
pero cuando la noche acecha, te dice así, entre nosotros,
menos, pero aún duele. |
En el marco de las
actividades propuestas para los alumnos de 5º - 6º grado en
Yad Vashem, el
curso de capacitación
de la Escuela Central para la Enseñanza del Holocausto ofrece un
gira en el local de Yad Vashem en pos del libro “Misjak Hajol”
(“El Juego de la Arena”) de Uri Orlev. La gira
suscita un encuentre entre los alumnos y la historia personal y familiar
de un niño durante la época del Holocausto y puede constituir una
actividad preliminar o complementaria al plan de lección y a la
ceremonia propuestas a continuación. Para
informaciones se puede contactar a la Coordinadora de la Sección
Primaria en el teléfono 02-6443558 o por correo electrónico:
Limor.bar-ilan@yadvashem.org.il
|
[1]Orlev Uri, Misjak
hajol (El juego de la arena), Editorial Keter, Jerusalem, página 7
[2]Orlev
Uri, Misjak hajol (El juego de la arena), páginas 15-16
[3]Orlev
Uri, Shirim mi Bergen Belsen (Poemas de Bergen Belsen), 1944, Yad Vashem,
Jerusalem 2005, página 18
[4]Orlev
Uri, Misjak hajol (El juego de la arena), página 34
[5]Orlev
Uri, Shirim mi Bergen Belsen (Poemas de Bergen Belsen), 1944, Yad Vashem,
Jerusalem 2005, página 48
[6]Orlev
Uri, Misjak hajol (El juego de la arena), página 30-31
[7]Orlev
Uri, Misjak hajol (El juego de la arena), página 31
[8]Orlev
Uri, Misjak hajol (El juego de la arena), página 35
[9]Orlev
Uri, Jaialei oferet
(Soldaditos de plomo), Biblioteca Obrera, editado por Kibutz Artzí Hashomer
Hatzair, Merjavia, 1967, página 210-211
[10]Orlev
Uri, Jaialei oferet (Soldaditos de plomo), Biblioteca Obrera, editado por
Kibutz Artzí Hashomer Hatzair, Merjavia, 1967, página 198.
[11]Orlev
Uri, Misjak hajol (El juego de la arena), página 45
[12]Orlev
Uri, Misjak hajol (El juego de la arena), página 48
▲ Top
|