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Una paloma sobre el alambre de púas – Viaje
por mandato del abuelo
Lección para el Día de Recuerdo del
Holocausto y el Heroísmo 5758
Autora: Limor Bar-Ilan
Dirigido a los alumnos del noveno y décimo año
Introducción
Este esquema está basado en el libro de Débora Steiner van Rooyen Una
paloma sobre la alambrada de púas – Viaje por mandato del abuelo, y se
ocupa de la historia personal y familiar de Iona Steiner, sobreviviente
del Holocausto que fue casi el único que quedó con vida de toda su
numerosa familia.
Iona Steiner le relata a Débora, que es parte de su familia, acerca de su
infancia feliz y libre de preocupaciones antes del Holocausto, de los años
de sufrimiento y supervivencia en los campos de concentración durante el
Holocausto, y de la emigración a Israel donde iniciaba una nueva vida, al
tiempo que participaba en la construcción y en la defensa del país.
El esquema le propone al docente preguntas para un diálogo educativo,
puntos específicos para la referencia, y actividades que acompañarán la
lectura en voz alta de los fragmentos de la historia que se presentan.
Es posible llevar a cabo la clase completa en forma conjunta, con lectura
en voz alta de fragmentos de la historia y realización de diálogo
educativo a partir de temas que surjan de la misma, o como una clase donde
se combinen el diálogo y la explicación introductoria, con el trabajo
individual de los alumnos, y el diálogo en conjunto como conclusión.
Asimismo, debido a la longitud del esquema, se lo podrá dividir en dos
encuentros.
El esquema que se presenta a continuación consta de seis secciones:
Presentación
En el prólogo de su libro “Una paloma sobre la alambrada de púas – Viaje por
mandato del abuelo”, escribe Débora Steiner van Rooyen:
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“En el año 1969 decidí partir en un viaje de aventuras alrededor del mundo.
[...] El día de mi viaje llegó a casa mi abuelo, de ochenta y dos años, para
desearme un buen viaje. Cuando me encontró sola, de pie en el balcón del
frente de la casa, metió su mano en el bolsillo y sacó de allí un sobre
descolorido, me tomó del brazo y me atrajo hacia él. “Débora, encuéntrame al
hijo de mi hermano”, dijo mi abuelo con su voz firme y llena de autoridad,
metiendo el viejo sobre en mi mano, y señaló la dirección del remitente, en
la parte superior izquierda del sobre, que sólo con gran dificultad era
posible descifrar. [...] Después de dos meses me hallé a mi misma en Israel,
viajando en autobús hacia Tiberíades, en mi camino de búsqueda del resto de
mi familia, que compartía conmigo mi apellido. La dirección del sobre me daba
sólo una información mínima: Iona Steiner, Kibutz Guinosar, Israel. 1951.
Hacía 18 años.”
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Al llegar al Kibutz Guinosar, Débora averiguó donde vivía la familia Steiner.
Relata el encuentro con su pariente:
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“La puerta de tejido de alambre se abría y se cerraba golpeando, una y otra
vez. Mi mirada volvió hacia el balcón desde el cual descendió un hombre.
[...] En comparación con el viejo Steiner (el abuelo de la escritora, L.B.),
este hombre sorprendía por su aspecto juvenil. Enseguida pensé que este
encuentro era consecuencia de algún error. A corta distancia, no encontré
semejanza alguna con los Steiner [...] Aunque cuando tomó mi mano con un
apretón tan fuerte que casi me paralizó, supe que lo había encontrado.
Hubiera reconocido esa tozuda fuerza Steiner en cualquier lugar del mundo.
“¿Salomón?” [...] Asentí con la cabeza. ¡Conocía a mi abuelo! Iona tomó
nuevamente mi mano, [...] y entonces vi. en el lado interno de su brazo,
disimulado entre una corona de flores y adornos azules, el número.
Aparentemente, me mostré sobresaltada, porque él soltó mi mano. [...] Nunca
había visto eso antes, y sentí vergüenza por no haber sabido hasta entonces
nada sobre el sufrimiento que había padecido. ¡Carne de mi carne! [...]
Quise decir algo. Pero a pesar de los genes compartidos y de nuestro legado
en común, no fuimos capaces de intercambiar entre nosotros ni siquiera las
palabras más sencillas. Iona no sabía inglés. Yo no sabía hebreo. Me sentí
frustrada, confundida y de pronto también muy perturbada por mi origen de
americana consentida. Quise saber tantas cosas en ese mismo instante. ¿Cómo
podía ser que yo durmiera el sueño de los justos en los suburbios de New
Jersey, y no supiera nada acerca del sufrimiento y al horror que vivió mi
familia? ¿Qué fue lo que le ocurrió a Iona Steiner durante los años de la
guerra? ¿Cuál fue el destino de los demás miembros de la familia Steiner? ¿Por
qué no me contaron? ¿Por qué nunca hice preguntas sobre eso? “Por favor,
encuéntrame al hijo de mi hermano” pidió mi abuelo. Encontré al hijo del
hermano de mi abuelo. Pero eso no fue suficiente.” [1]
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- En la presentación, el libro relata el reencuentro familiar e inter-generacional
de los miembros de la familia Steiner. Aunque Débora y Iona son parientes, es
más lo que los diferencia que lo que tienen en común.
¿Cuál es la brecha y cuales son las diferencias que los separan?
Débora Steiner es la nieta del tío de Iona Steiner: Los dos pertenecen a la
misma familia.
Pero a pesar de ello, son muy diferentes el uno del otro: viven en lugares
diferentes, Débora en los Estados Unidos y Iona en Israel, hablan idiomas
diferentes (en realidad, no tienen posibilidad de comunicarse sin la
intervención de un intermediario, hasta que Débora aprende hebreo unos meses
después), tienen edades diferentes, los separa una generación, pero por sobre
todo, existe entre ellos una diferencia de pasado personal y familiar que los
separa y los diferencia de un modo esencial: el sobresalto que sintió Débora
ante la vista del número azul que descubrió en el brazo de Iona, y el aluvión de
preguntas y consideraciones que la inundaban, nos lo demuestran.
- ¿Cuáles son las preguntas que ocupan a Débora, en lo que se refiere a sí
misma, a su familia, y al sobrino de su abuelo, en el curso del encuentro? ¿Qué
es lo que nos indican?
Las preguntas de Débora constituyen el comienzo de un proceso de descubrimiento
de su pasado familiar. Más allá de su sorpresa, su consternación y su curiosidad,
lo que surge de sus preguntas es una pesada sensación de culpa: “¿Cómo pudo ser
que yo durmiera el sueño de los justos en los suburbios de New Jersey, y no
supiera absolutamente nada sobre el sufrimiento y el terror que sufrían los
miembros de mi familia? […] ¿Porqué no pregunte sobre eso, nunca?”
- Débora encontró a su pariente, tal como se lo había pedido su abuelo. A
pesar de ello, escribe: “Pero no es suficiente.”¿Por qué? ¿Qué más debería hacer?
Débora se queda en el Kibutz Guinosar y aprende de Iona,
sobrino de su abuelo, acerca de la historia de su familia.
La Infancia
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“Nací en Gromnik, una pequeña aldea agrícola del Sureste de Polonia, en el
distrito de Tarnow, en la cama de mi madre. En aquellos días todos nacíamos en
casa. [...] Vivíamos en una casa-granja grande y cómoda, cubierta por un techo
de tejas rojas que construyó mi padre, a una distancia de pocos kilómetros de la
aldea. Era una casa sólida, construida con madera en bruto, con dos dormitorios
y un cuarto de estar grande, que era también la cocina. [...] En los largos
meses del invierno nos calentábamos con una estufa negra y cubierta de hollín,
revestida por placas de cerámica azul, y además con grandes tazones de leche
caliente. [...] Recuerdo que en mi infancia, mientras me acostaba arropado
frente a la estufa, solía contar las flores y los pájaros dibujados a mano sobre
las placas. Luego me volvía para observar los copos de nieve que pasaban por la
ventana [...] a través de la misma ventana, en el extremo del campo, veía un
espeso bosque, y en él altos pinos – un buen lugar para esconderse cuando uno es
un niño pequeño que tiene que ayudar a su padre a amontonar el pienso, o
sentarse en el duro banco de la escuela.” |
| “Entonces
éramos una familia grande. Mis hermanos mayores, los mellizos Willy y Rudy,
nacieron en 1922. Poldak nació en 1924, y yo, Iona, el último, nací en mayo de
1926. [...] Nuestra vida en la casa era una vida feliz. No recuerdo que
sufriéramos por la falta de algo, es decir, no recuerdo si éramos pudientes, o
no. Siempre había abundancia de comida sobre la mesa, y siempre nos vestimos
con ropa limpia y abrigada.” “Hasta el día de mi séptimo cumpleaños, fecha en
la que me convertí en candidato oficial para la escuela, pasaba mis días
jugueteando por los campos, o me unía a mi padre para ayudar en la granja.”
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"Mi madre Rajel pertenecía a la familia Zimerman de Gribow, una pequeña aldea
vecina, al sur de Gromnik. Era bella, con el pelo negro como el plumaje de un
cuervo, que provocaba envidia en toda la zona. [...] Cuando miro cuarenta años
hacia atrás, todavía puedo ver sus ojos. Eso es lo que recuerdo más que todo.
Sus ojos azules eran capaces de darte calor, de defenderte. Ojos de madre. Mi
madre tenía treinta y cinco años cuando yo nací, y cuarenta y ocho cuando la
asesinaron. Pero en mi corazón quedará siempre tal cual yo la recuerdo: joven,
fuerte y bella. Lamentablemente, nunca conocí realmente a la familia de mi madre,
[...] pero la familia de mi padre, miembro del gran clan de los Steiner, vivía
en la zona o en los alrededores, y los lazos familiares con ellos eran fuertes y
cercanos. Todos los Shabatot [Sábados] los pasábamos con muchos primos. Tío y
tías, primos y primas, [...] También cada uno de los nueve hijos del abuelo
Aarón tenía un número de hijos similar. [...] Resulta difícil creer que de una
familia tan numerosa de Europa hayan sobrevivido tan sólo dos.”
“Como puedes ver, antes de que los nazis tomaran el poder tuve una infancia
agradable. Eso no se debía a Polonia, sino a nuestra casa. Comprende, éramos
cuatro hijos en una granja enorme. ¿Qué podía ser mejor que eso? Jugábamos
juntos en el campo, en los bosques, en el establo, donde las vacas, estábamos
con los trabajadores en el campo. Por supuesto que de tanto en tanto nos
golpeábamos el uno al otro, en especial por la noche, porque estábamos obligados
a dormir en la misma cama. Así que peleábamos como se debe. Volaban las plumas
de las almohadas, y cada noche las almohadas se hacían más delgadas.” [2]
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Puntos de Referencia:
- “Entonces éramos una familia grande” – ¿Cómo describe Iona su infancia,
su casa y su familia?
- ¿Cómo describe Iona las relaciones y la forma de vida de la familia? Vale la
pena hacer hincapié en las expresiones que señalan el punto de vista de Iona
como niño: “No recuerdo si éramos pudientes, o no Siempre había abundancia de
comida sobre la mesa, y siempre nos vestimos con ropa limpia y abrigada”, “en el
extremo del campo, veía un espeso bosque, y en él altos pinos – un buen lugar
para esconderse cuando uno es un niño pequeño […]”
El vínculo familiar entre Débora y Iona:
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“Tu abuelo Salomón, hermano menor de mi padre, fue el primero que salió de
Polonia y viajó hacia América. Yo creo que eso fue aún antes de la primera
guerra mundial. [...] No conocí al tío Salomón hasta que vino a visitarnos en
el año 1932, pero escuchamos acerca de él continuamente, noche y día. [...]
Más de una vez intentó tu abuelo Salomón convencer a toda la familia de
trasladarse hacia allí [...]” |
“Yo recuerdo que más tarde, después de la visita del tío Salomón, y durante
todos esos años difíciles en la escuela, solía mi madre decirle con frecuencia a
mi padre: “Shimon, tenemos que vender nuestras tierras y viajar hacia Israel.
Ahora es el momento, antes de que la situación se agrave”. Esas palabras
quedaron grabadas en mi mente. Supongo que las llevé conmigo durante todos los
años de la guerra y en los campos, de modo que cuando descubrí que nuestra casa
y nuestra familia habían desaparecido para siempre, enseguida pensé en viajar
hacia Israel, como quería mi madre.”
¿Por qué Israel? No sabía, no habíamos sido una familia sionista. Mi padre solía
enviar donaciones de dinero para Israel, pero con eso terminaba su relación con
el tema. Sin embargo, mi madre creyó siempre que la Tierra de Israel era el
lugar en que nosotros deberíamos estar. Pero hasta 1937 no había para nosotros
ninguna motivación para salir, y en 1938 ya era demasiado tarde.”
[3]
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Los años de la guerra
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“En septiembre de 1939 Alemania declaró
la guerra a Polonia y en el lapso de dos semanas la conquistó. Yo
estudiaba entonces en la escuela pública polaca, y justamente comenzaba a
estudiar el sexto año. Me vi. obligado a ir a la escuela a pie, porque los
alemanes confiscaron nuestros caballos y hasta nuestras vacas,
prácticamente todo. Mi padre aún se mantenía firme. Creía que esa
situación era solamente temporaria, y trataba de arreglárselas sin
caballos y sin vacas. Y entonces, un día, a la una de la tarde, ellos me
llevaron.” [4]
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- ¿Acaso hay alguna preparación previa para el fin de la etapa de la
infancia, de la familia, de la casa? En este contexto, se puede hablar de
la contradicción que existe entre las descripciones de la infancia, las
conversaciones entre los padres, las indecisiones y las decisiones que se
adoptaron, con la forma repentina y arbitraria en que todo eso concluyó
dando paso a una realidad absolutamente diferente.
“Yo creo que eso fue a fines del otoño, porque ya se sentía el frío en el
aire. La mayoría de las hojas ya habían caído, dejando desnudos ramas y
troncos negros recortándose contra el cielo gris cubierto por las nubes.
Así comenzó el sueño de horror.
Como todos los días, cuando terminaron las clases en la escuela al mediodía,
crucé la aldea en dirección al puente que atravesaba el río. [...] En cuanto
subí al puente, un hombre que estaba parado a un lado del camino me señaló
nerviosamente. Lo reconocí, era un comerciante local que hacía negocios con
mi padre. [...] Todo sucedió tan rápido.
Los alemanes levantaron sus armas y me ordenaron subir a la parte trasera
del camión.” [5]
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“¿Porqué no huí? ¿Por qué no luché? ¿Qué puede hacer un chico de trece años
contra una unidad de soldados de la SS con ametralladoras? ¿Qué era lo que
comprendía entonces? En esos días yo creía que la situación no era grave.
Escuché que los polacos eran enviados para ayudar a los alemanes en el esfuerzo
de guerra. Quizás mi corta edad, quizás mi ignorancia, evitaron que sintiera
miedo, y quizás, volviendo la mirada hacia atrás, fue también lo que logró
mantenerme con vida. [...] En todo caso, no pensé que viajáramos muy lejos.
Pensé que viajábamos tan sólo por unos pocos días. Me preocupaba solamente que
mis padres no supieran hacia donde viajaba. [...] Luego de unas cinco horas de
viaje en lo profundo de la noche, llegamos finalmente a una base del ejército
polaco. Ahora comencé a comprender que no sería exactamente como yo lo había
pensado. Se produjo un vuelco en mi pensamiento. Comencé a meditar sobre cuál
sería nuestro destino. No sentí miedo. Sólo me preocupaba por cómo harían mis
padres para saber donde me encontraba. No quería que mi madre se preocupara por
mí.
Cuando llegamos al campo, los soldados nos ordenaron bajar del camión con una
rapidez tal que no pude llevar conmigo el portafolios de la escuela.” [6]
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Cuestionario para la discusión y el diálogo:
- “Así comenzó el sueño de horror” – Se les puede pedir a los alumnos que
describan sus sensaciones y sus sentimientos respecto de lo que leyeron, y
preguntar ¿En qué se ocupaban durante la lectura?
- “Pensé que viajábamos tan sólo por unos pocos días” - ¿Qué es lo que le
impide a Iona comprender la realidad en la que se ve atrapado?
- ¿Qué se puede aprender de la descripción de Iona, con respecto a la
respuesta de la víctima? ¿Qué es lo que las personas pudieron entender o saber
acerca de sus destinos, en esos mismos instantes? ¿Qué es lo que no sabían, y no
pudieron comprender? Numerosos sobrevivientes del Holocausto describen en sus
testimonios una sensación de conmoción que los envolvió en el instante en que
sus vidas sufrieron un vuelco instantáneo, y en el período inmediatamente
posterior a ello. Iona, por ser un niño, está preocupado por el hecho de que sus
padres no saben que se lo llevaron, o por la pregunta de cuándo volverá a verlos
nuevamente, o cuando podrá por lo menos informarles. Además, como niño, se basa
en informaciones parciales que oyó, y señala: “Quizás mi corta edad, quizás mi
ignorancia, evitaron que sintiera miedo, y quizás, volviendo la mirada hacia
atrás, fue también lo que logró mantenerme con vida.”
- ¿Qué es lo que, a su parecer, lo lleva a cambiar su forma de pensar?
Vamos a señalar que después de que Iona comienza a comprender: “que no sería
exactamente como yo lo había pensado.”, todavía lo que más lo ocupa es la
preocupación por sus padres y no su propio destino.
- Por la rapidez en el descenso del camión Iona debe dejar el portafolios de
la escuela tras de sí. Es posible ver en esto una imagen simbólica de que en
esos momentos Iona se separa de su infancia, y la deja tras de sí.
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“Estuve preso en Postkow [7] cuatro meses. De alguna manera sobreviví.
[..] Durante los cuatro meses que permanecí en el campo no nos bañamos, ni
siquiera una vez. La comida que recibíamos iba disminuyendo, hasta
transformarse en un vaso de agua caliente con algo de color por las mañanas,
y una hogaza de pan para repartir entre veinte hombres. En esos mismos días,
el chico de trece años que desfilaba por los campos, que cavaba canales, que
picaba carbón, que miraba los muertos que se llevaban de allí, que se
cuidaba de las azotainas, ese mismo chico, no era yo. El joven alegre y
feliz de la granja cómoda y segura de Gromnik desapareció, y en su lugar
creció y floreció un alma vacía, que se desplazaba y sobrevivía, como una
máquina.” [8]
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- “De alguna manera sobreviví.” – Aquí podemos detenernos sobre la
arbitrariedad con respecto de los prisioneros de los campos de concentración en
el período del Holocausto y a la desaparición de la legalidad respecto de los
sobrevivientes. Asimismo, una variedad de testimonios de sobrevivientes del
Holocausto nos muestra que no había un método único para sobrevivir, y que
personas diferentes adoptaron métodos diferentes.
- En el libro “En el escondite” [9] nos relata Ehud Leb, también sobreviviente
del Holocausto, sobre el camino que él como niño encontró para enfrentarse con
el sufrimiento y las carencias que vivió durante el período del Holocausto, y
con las tribulaciones de la añoranza de su familia:
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“Y entonces sucedió algo interesante. Decidí que yo no era más yo, sino otro
niño, porque ¿Cómo podría subsistir sin sentir el contacto de la mano de mi papá?
¿O sin recibir un beso o un abrazo de mi mamá? Así que el otro niño, que se
llamaba en francés Hubert, jugaba juegos, disfrutaba del sol, y comía hasta
quedar satisfecho. […] Yo seguía extrañando en secreto a mi mamá y mi papá:
Hubert entendió bien rápido que no era el momento apropiado para extrañar, y que
lo más importante en esa hora era no ser atrapado. |
De un modo similar al de Ehud Leb, también Iona cuenta que en cierta etapa, el
niño que vivía el terror del campamento no era él, que en su lugar “creció y
floreció un alma vacía, que se desplazaba y sobrevivía, como una máquina”. De
estos dos fragmentos de testimonio se puede aprender que para sobrevivir, Ehud
y Iona sintieron que debían desconectarse de sí mismos, y hasta convertirse en
alguien distinto, o en algo distinto, para poder sobrevivir.
Iona cuenta acerca de la amistad que se creó entre él y otro prisionero a su
llegada al campo: |
“Uno de los hombres de la barraca, un prisionero penal alemán de unos cuarenta
y cinco años […], se dirigió a mí. Nos hicimos amigos cuando tuvimos que
limpiar juntos la barraca. Una persona nueva en el campo siempre tenía
novedades para contar, noticias frescas sobre lo que ocurría afuera. Y así,
cuando conversamos, comenzamos de a poco a tener confianza uno en el otro.
“Mira” me dijo “Tú eres todavía un chivo joven. Yo ya soy un hombre maduro. Si
tú deseas sobrevivir en este mundo infernal, tienes que recordar dos cosas.
Primero, nunca tomes el agua de este campo. No importa cuan sediento estés, no
importa cuan desesperado. No tomes nunca el agua, salvo cuando haya hervido.
Segundo, si recibes comida, come enseguida hasta el último trozo, la última
miga. […] No dejes nada para mañana.”
[10]
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Puntos de Referencia:
- A pesar de la dura realidad del campo, y en forma paralela a ella, Iona
Steiner relata también situaciones en las cuales se generaba algún acercamiento
y cierta amistad entre los prisioneros. Y a continuación nos señala que fue su
compañero quién le enseñó las reglas de la supervivencia, reglas gracias a las
cuales sobrevivió a las epidemias de tifus y de disentería que se difundían por
el campo.
- También puede hacerse referencia a los distintos aspectos del término
“supervivencia” en el campo. El párrafo anterior nos enseñó acerca de la
necesidad de la supervivencia mental, emotiva y espiritual, y el párrafo
siguiente quizás nos ilustre sobre la supervivencia física.
Acerca de los sucesos en el campo de Mielec [11], Iona le relata a Débora:
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“Yo debo explicarte el aspecto que tenía todo, para que intentes ver, oler.
Imagínate que a lo largo de la barraca había tres pisos de camastros. Un piso
sobre otro piso. Un camastro se toca con el otro, como una pila de naipes de
madera. De madera rústica, tablones en bruto que servía de cama a doce hombres
que podrían acostarse sobre ellos solamente en diagonal. No había colchones, ni
mantas, solamente la misma ropa que recibimos el primer día. [...] Los baños no
existían. [...] Recuerda, estaba por cumplir quince años. Un chico ya grande.
Solamente una cosa sabía. Que para sobrevivir yo debía trabajar. Durante cinco
años trabajé cada día, 24 horas de crueldad depravada. Si morías, la duración
del día era 24 horas. Pero si sobrevivías, era como un año. Me transformé en un
viejo a la edad de catorce, quince años.”
[12]
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- “Yo debo explicarte…” – la forma en que Iona le cuenta su historia a
Débora nos señala su voluntad y su necesidad de lo contarle lo que le había
pasado paralelamente a la dificultad producida por la barrera idiomática, y por
el hecho de que solamente quién ha sufrido esas cosas en carne propia podrá ser
capaz de olerlas o verlas.
- “Me transformé en un viejo” – en el curso de la lectura del libro somos
testigos del proceso que atraviesa Iona por los acontecimientos que va viviendo:
lo conocimos como un niño libre de preocupaciones al comienzo del libro; a
continuación, cuando es secuestrado en el puente que conduce a su casa, a través
de sus pensamientos lo vemos transformarse en un instante en un “niño-adulto”.
Nos cuenta como olvida su portafolios de la escuela en el camión, hecho que en
este contexto adquiere un valor simbólico: mi infancia terminó. En el párrafo
que sigue, Iona describe su transformación de niño-adulto en hombre-viejo.
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“Durante la formación de la mañana siguiente los soldados nos interrogaron sobre
nuestras profesiones, y me encontré a mí mismo mintiendo, con relativa facilidad,
cuando dije que yo era tornero de metales. Había escuchado que ellos necesitaban
operarios para la fábrica Hankelwerke, que habían confiscado los alemanes a los
polacos para atender a las necesidades de su esfuerzo de guerra. Mi profesión la
aprendí en esa fábrica: como utilizar el torno, cortar el acero, fundir metales
y reparar partes de motores. Es todo lo que sé, hasta el día de hoy. Mira mis
dedos. Todas las noches, después del trabajo, intento limpiar el aceite
lubricante que quedó bajo mis uñas, pero hasta el día de hoy continué siendo un
simple mecánico. Mi hermano Paul es sastre. Ambos aprendimos nuestro oficio de
los alemanes. Paul, cuando cortaba los uniformes rayados de los campos de
concentración, y yo, cuando torneaba el acero para armar los aviones
Messerschmidt.”
[13]
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- Iona comprende que para poder sobrevivir en las condiciones del campo,
deberá cambiar y adaptarse: deberá mentir, presentarse como profesional y
aprender la profesión con rapidez.
Después, Iona fue enviado al curso técnico de construcción de aviones, que se
hacía en el mismo campo, y relata:
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“Nueve meses estuve prisionero en el campo de Flossenburg [14] trabajando con los
aviones Messerschmidt. Trataba de producir algún daño en los aviones en cada
ocasión que se nos presentaba. Cuando podía, rompía algo del motor para que se
hiciera pedazos cuando el avión ya estuviera en vuelo. Dañé esos aviones en
cuanta ocasión se me presentó, pero era peligroso. Si te encontraban, te
colgaban.” [15]
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- El sabotaje a los aviones constituye una forma de resistencia. En este
contexto, cabe discutir los diferentes caminos que adoptó la resistencia. Es
habitual hablar de resistencia espiritual y de resistencia armada, pero
conviene recordar que los métodos de resistencia que utilizaron los judíos bajo
el régimen nazi fueron muchos y variados; no todos se adaptan fácilmente a un
rótulo determinado.
Durante más de cinco años y medio estuvo Iona
Steiner prisionero en diversos campos de concentración y de trabajo.
Iona le relata a Débora, la autora del libro, el enorme sufrimiento con
que vivió por las duras condiciones de los campos, la falta de alimento
y el hambre permanente, el frío, el hacinamiento, el trabajo forzado y
la gran crueldad a la que estuvo expuesto.
Luego de pasar nueve meses prisionero en el campo Flossenburg,
Iona fue trasladado al campo Mauthausen, en Austria:[16] |
“Mauthausen era un infierno. [...] Un día domingo estaba trabajando en la
cantera de Mauthausen, tan terriblemente conocida, acarreando pesadas piedras
hacia la cima, por las escaleras, Sentía como que había por lo menos dos mil
escalones para trepar. [...] Mientras subía por los escalones, una de las tareas
más crueles, me encontré con un joven que parecía conocerme. Yo no lo conocía.
Íbamos juntos, cuando él me preguntó: “¿Sabes que tu hermano Rudi llegó ahora a
Gossen II [17]? Si deseas verlo, conviene que te apures, porque tiene una infección
en una mano, y no sé cuanto tiempo de vida le queda.” Las noticias me aturdieron.
¡Mi hermano mayor, Rudi!”
[18]
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Iona logró pasar del campo central donde se
hallaba al campo Gossen II, pero su hermano murió poco tiempo antes de
que lograra llegar hasta su barraca.
La Liberación
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“Tres semanas antes del fin de la guerra ya escuchábamos el sonido de los
disparos y de los bombardeos de los aliados. Una de las bombas cayó
destruyendo la cocina de la SS. [...] Durante las dos últimas semanas de
la guerra nuestra sangre fue derramada implacablemente. No nos daban
alimento, y trabajábamos sin pausas durante todo el día. [...] Sabíamos
que todo terminaría, pero nuestra fuerza para sobrevivir se iba
desvaneciendo por el hambre. Miles murieron en esas últimas semanas.
Nuestra liberación estaba tan cerca, pero no pudieron soportar más.”
[19]
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Iona relata la liberación: |
“Toda la noche permanecimos despiertos por la
emoción. A la hora en que nuestra prisión (el campo de concentración de
Mauthausen) ardía en llamas a nuestro alrededor, hasta los cimientos,
nosotros estábamos sentados afuera conversando, planificando y
reflexionando, como saldremos, hacia donde iremos. En cierto modo, creo
que nos emocionamos como huérfanos, como niños.” |
Luego de la liberación Iona fue hacia la ciudad de Linz, y desde allí a
Salzburg, en Austria:
“Cierto día, por la tarde, vi. un soldado con una estrella de David
grabada sobre su hombrera. Me quede estupefacto. Lo observé más de cerca
y pude leer las palabras “Brigada Judía” rodeando el símbolo de la
estrella de David. No podía creer que existiera sobre la tierra un judío,
vivo y respirando, que fuera un soldado y no un prisionero. Fui
siguiéndolo por las calles de la ciudad. No podía quitar mis ojos de él.
Finalmente, luego de que se sentó junto a una escultura en la plaza de la
ciudad, me dirigí hacia él.
Cuando estuve todavía más cerca vi la palabra “Palestina” bordada sobre
su insignia.
¿Es usted de Palestina? Le pregunté en alemán.
¿Es usted judío? Me pregunto en Idish.
“Sí”, respondí
“¿Qué hace usted en Salzburg? Usted debe viajar a Palestina”, dijo
[...] No sabía mucho sobre Palestina. Sólo vi. que frente a mí había un
soldado sano y libre que lucía una estrella de David, judío de Palestina.
También yo quería estar allí.” [20]
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- Describa las sensaciones de Iona Steiner al ver al hombre de la Brigada,
como él lo describe.
- ¿Por qué, a vuestro parecer, se dirige Iona al soldado en alemán? ¿Por
qué le contesta en Idish?
Por consejo del soldado de la Brigada, Iona viajó a Roma, Italia, con la
intención de seguir desde allí hacia Israel: |
“No encontré judíos de Palestina en Roma. Ya había olvidado mi encuentro de
Salzburg. Quería tan sólo disfrutar. Sabía que mis padres y mis hermanos habían
muerto, Rudi en Mauthausen y Willy en Flossenburg en 1944. Un hombre que
encontré en Mauthausen me contó que había escuchado que los alemanes llegaron a
nuestra granja poco tiempo después de que me detuvieron. [...] No me quedaba
nadie, y por lo tanto no pensé siquiera en buscar miembros de mi familia. Esa
parte de mí, ese joven de la granja de Polonia, miembro de una gran familia de
Gromnik, había muerto hacía ya años. Ahora, estaba solo.” |
Puntos de Referencia:
- “No me quedaba nadie, y por lo tanto no pensé siquiera en buscar
miembros de mi familia.” – La certeza de haber perdido a la familia.
- “Estaba solo” – El reconocimiento del hecho de que no hay adonde volver,
y no hay a quién buscar. Iona señala también que también el niño que él fue,
ya no está.
Luego Iona pasó a trabajar como conductor de camiones para el ejército
americano:
“Un día, a la una de la tarde, me llamó por el altavoz un oficial americano
con el cual tenía amistad. “¿Tienes un familiar de nombre Salomón Steiner en
New Jersey?”, preguntó en el momento en que entré a su oficina. “Sí”, dije,
sin saber si tenía tal pariente o no, y sin saber ni siquiera donde estaba
New Jersey. Sonaba como lo que era apropiado decir. [...]. Desde el día en
que nos encontramos, ese oficial se apiadó de mí. Deseaba mucho ayudarme a
encontrar familia. “Enviaré un telegrama y comprobaré el parentesco. En 24
horas tendremos una respuesta.”
Estoy seguro de haber demostrado indiferencia, porque después de cinco años
en los campos realmente no podía recordar muchos detalles acerca de la
familia de mi padre, ni que hablar acerca de algún tío anciano, uno de los
muchos hermanos de mi padre, que había dejado Polonia y viajado hacia América
cuando yo todavía era un niño. Ni siquiera recordaba que alguna vez había
sido un niño.” [21]
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Puntos de Referencia:
- En el curso de la guerra fueron arrancados de sus casas y hasta de sus
países millones de personas. Al finalizar la guerra muchos intentaron
localizar a los miembros de su familia, con la esperanza de que alguno de
ellos hubiera sobrevivido.
- “Ni siquiera recordaba que alguna vez había sido un niño.”
Iona descubre que su hermano Paul (Poldak), vivía, lo encontró en lo que hoy
es la República Checa, y lo convenció de abandonar Praga y viajar con él a
Israel. En su caminó se detuvieron en Hamburg, Alemania, allí Iona estudió
mecánica y luego conoció a Rivka (Regina), de la familia Singer: |
“Regina Singer viene de una pequeña aldea de Ucrania, y logró sobrevivir los
años de la guerra haciéndose pasar por una joven aldeana polaca y católica.
[...] Pero la historia de Rivka es otra historia. Tú debes hablar con ella,
y te contará como logró sobrevivir cuando todos los miembros de su familia
eran asesinados. Ves, esta es la razón por la que enseguida nos unimos.
Todos perdimos la familia. Todos queríamos una familia.”
[22]
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Puntos de Referencia:
- “la historia de Rivka es otra historia” – recordemos que no hay una
sola historia: cuando nos referimos a las historias de los sobrevivientes
del Holocausto debemos recordar que estamos hablando de personas diferentes,
que vivieron en lugares diferentes hablando idiomas diferentes, viviendo
vidas diferentes, y lograron sobrevivir por caminos diferentes.
- “esta es la razón por la que enseguida nos unimos. Todos perdimos la
familia. Todos queríamos una familia.” – a pesar de la tragedia, hay aquí
una elección por la vida: voluntad para seguir adelante y de generar una
continuidad y una familia nueva.
Entretanto, se interrumpió el contacto que había logrado reestablecerse con
Salomón Steiner, tío de Iona y Paul, en América, y luego Paul decidió viajar
a Francia y formar allí su familia, mientras que Iona y Rivka decidieron
intentar viajar a Israel.
“Decidimos, Rivka y yo, que había llegado el momento de emprender nuestro
camino hacia Israel. Primero viajamos a Bélgica, y allí Rivka recibió la
autorización de ingreso a Israel. Tenía pasaporte alemán, y era por ello
ciudadana de algún país, aunque la mayoría de nosotros éramos hombres sin
país.”
“Hacía tan sólo una semana que Rivka y yo estábamos casados cuando nuestros
caminos se separaron. Ella partió hacia Israel en un barco que zarpó de
Marsella. Yo salí, junto con siete amigos, rumbo a Italia. […] La Haganá
creo una red de judíos de Israel cuya tarea consistía en ayudar a los
refugiados a llegar a Israel. Nuestra tarea era llegar a determinado puerto
de Italia, y encontrar el barco de la Alia Bet [segunda ola inmigratoria a
Israel].”
[23]
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Puntos de Referencia:
- La decisión de viajar hacia Israel: ¿Qué, a vuestro entender, es lo que
lleva a Iona a tomar esta decisión? ¿Por que justamente Israel?
- El precio de esta decisión, para Iona, es otra ruptura del vínculo
familiar: de su hermano Paul y su tío Salomón, y una separación temporaria
de Rivka, su mujer.
“Cuando nos estábamos acercando a la costa de Israel, los ingleses abrieron
fuego. Abordaron el barco, y enviaron a todos aquellos que no habían llegado
a nado hasta la costa a un campo de detención inglés en Chipre.”
“Otra vez me atraparon. Otra vez estaba prisionero. Sentí un profundo
disgusto al ver otra vez un campo, otra vez un campo lleno de judíos
desgraciados y enfermos. Pero era imposible comparar el campo de detención
de los ingleses con los campos de concentración alemanes. […] Durante los
primeros días la sensación era sumamente extraña. ¿Qué es esto? ¿Que son
esas alambradas de púas? Era muy difícil para mí entender que nuevamente era
un prisionero.” [24]
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Transcurridas seis semanas, Iona huye del campo de detención y logra llegar,
junto con 15 de sus compañeros, al puerto de Chipre, donde roban un pequeño
barco con el que se lanzan al mar Mediterráneo. |
“Tuvimos suerte y pasó a nuestro lado una nave turca. […] Nos subieron a su
nave y nos llevaron hasta la costa de Israel, cerca de Herzlia. […] No me
pregunten como me sentía. Desaparecimos del lugar en cuanto pusimos pie en
tierra. Cualquier lugar era bueno para nosotros. Estábamos en casa en la
Tierra de Israel – la Casa de los Judíos.”
[25]
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En casa, en la Tierra de Israel
De las palabras de Uzi Walish, coordinador del Kibutz Guinosar:
Iona llegó al país en enero de 1947, directamente al Kibutz Ein Guev. En el
Kibutz lo esperaba su esposa Rivka. Al día siguiente de su llegada al
Kibutz Iona fue incorporado, como si fuera un miembro veterano del Kibutz,
al trabajo en la herrería.
Su integración en el trabajo fue inmediata. Después del 29 de Noviembre,
Iona se volcó al esfuerzo de guerra, comenzando a producir minas. Se
incorporó al grupo de asalto que colocaba minas a lo largo del límite del
Kibutz – las minas que detuvieron a las fuerzas blindadas sirias.
Paralelamente, Iona participó en la fabricación de dos unidades “Davidka” [26]. Una de ellas fue puesta en funcionamiento para la defensa de Ein Guev, y la
segunda fue enviada aTzfat, y se transformó finalmente en el monumento que
aún hoy se halla ubicado en una de las calles de la ciudad. Iona también se
ocupó de las defensas para los camiones del Kibutz. Durante la Guerra de la
Independencia Iona se unió a los operadores de la ametralladora. Más tarde
fue enviado a la armería para ocuparse del mantenimiento de las armas. A
comienzos de los años cincuenta Iona, Rivka y su hijo primogénito Shimon
pasaron al Kibutz Guinosar, y allí Iona fue designado encargado de la
sección de herrería, trabajo del que se ocupa hasta el día de hoy. Más
tarde, Iona fue puesto al frente del parque de maquinarias, el agua, las
herramientas agrícolas, los vehículos, las viviendas y sus terrenos
circundantes.
Rivka y Iona son los padres orgullosos de tres hijos y abuelos de cinco
nietos. Iona continúa actualmente trabajando.[27]
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Tema para la discusion:
En el año 2008 el Estado de Israel celebra los 60 años desde su formación. El
Día para el recuerdo del Holocausto y el Heroísmo estará este año vinculado al
lema “Y elegirás la vida – los sobrevivientes del Holocausto en la
Tierra de Israel.”
La historia personal de Iona Steiner nos enseña que la historia de los
sobrevivientes del Holocausto no es solamente el relato de su vida durante el
período del Holocausto: es también la historia de su emigración hacia Israel,
a veces con la necesidad de superar muchas dificultades que ese viaje
implicaba, la historia de su rápida absorción e integración en el país, de la
formación de una nueva familia junto con la dedicación activa a la
perpetuación de la memoria de las víctimas del Holocausto, y la participación
en la construcción del país y en su defensa.
El libro sobre el cual se centra este esquema despliega la sucesión de
acontecimientos de modo tal que nos enseña acerca del vínculo y la continuidad
entre el allá y el aquí, entre el pasado y el presente. Nos enseña que las
mismas personas que vivieron “allá” los horrores del Holocausto son las mismas
que viven hoy entre nosotros, y que tuvieron, y tienen, una participación
activa en la actividad y en la existencia del Estado de Israel.
Unos dos años después de que Iona y Débora se encontraron, llegaron al país su
abuelo y su abuela, Salomón y Rosa Steiner. La familia se unió nuevamente, y
Débora nos relata: |
“El abuelo Salomón se convirtió de hecho no solamente en un padre para Iona,
sino también en un abuelo para sus tres hijos, Shimon, Avi y Amit. Iona
representaba el último eslabón con vida en el mundo de mi abuelo, un mundo que
los hijos y los nietos americanos de Salomón no conocieron, y no podrían conocer.
La comunidad judía polaca, exilada o deportada, había desaparecido para siempre.
Los recuerdos de días, lugares y familia, todos estaban enterrados bajo una
montaña de ceniza. Mi abuelo representaba eso mismo también para Iona. Le
devolvió a su sobrino la familia.”
[28]
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Conclusión
Para la conclusión de la actividad, pueden discutirse los siguientes temas:
- El nombre del libro: Una paloma sobre la alambrada de púas –
viaje por mandato del abuelo
La famosa canción de Leonard Cohen “Paloma sobre un alambre” comienza con
las palabras:
“Como una paloma sobre un alambre […] intenté a mi modo ser libre” [29]
La canción, como el nombre del libro, tienen en sí la contradicción entre el
alambre de púas que simboliza el límite, el encierro y la pérdida de la
libertad, con el pájaro que simboliza la libertad por la posibilidad de
volar donde quiera y elevarse por sobre las alambradas. La historia de la
supervivencia de Iona personifica intrínsecamente esta contradicción: Su
capacidad de conservar el vuelo de su imaginación y la libertad interior, a
pesar de estar rodeado por las alambradas de púas y las torres de vigilancia. - El libro comienza con una dedicatoria a Rajel Zimerman z”l [30], la madre
de Iona:
“A Rajel Zimerman Steiner,
tus “ojos que cuidan”
ahora se pueden cerrar.
Tu hijo Iona volvió finalmente a casa.” |
Después de haber conocido la historia de Iona Steiner y de su familia,
podremos a la pregunta de ¿Cuál es el significado de “a casa”? ¿Es que la
intención es referirse a Israel, es que se refiere a la reunificación de la
familia, con la reunión y el reencuentro de Iona con su tío Salomón y su
familia, o quizás se refiere a que Iona formó nuevamente en Israel una gran
familia, y nuevamente, no está solo?
[1] Débora Steiner van Rooyen, “Una paloma
sobre la alambrada de púas – Viaje por mandato del abuelo”, Yad
Vashem, Jerusalén,
2007 [En hebreo, N. del T.],
Páginas 11-16
[2] Ibid, Páginas 21-27
[3] Ibid, Páginas 32-33
[4] Ibid, Páginas 33-34
[5] Ibid, Página 35
[6] Ibid, Páginas 36-37
[7]פוסטקוב – מחנה עבודה נאצי שהיה ממוקם בדרום-מזרח פולין
[8] Páginas 40-41, Ver nota No.1
[9] “En
el escondite”- niños durante el Holocausto en Francia, Naomi Morgenstern,
Escuela Central para la Enseñanza del Holocausto, Yad Vashem, Jerusalén,
1998 [En hebreo, N. del T.]
[10] Página 86, Ver nota No.1
[11] Mielec – Campo de concentración y de
trabajo nazi que estaba ubicado al oeste de Polonia
[12] Páginas 71-72, Ver nota No.1
[13] Ibid, Páginas 72-73
[14] פלוסנבירג – מחנה ריכוז נאצי שהיה ממוקם בגרמניה
[15] Página 87, Ver nota No.1
[16] Mauthausen – Campo de concentración
nazi que estaba ubicado en Austria superior
[17]
Dentro de Mauthausen
[18] Páginas 92-93, Ver nota No.1
[19] Ibid, Página 99
[20] Ibid, Páginas 103-104
[21] Ibid, Páginas 106-107
[22] Ibid, Página 118
[23] Ibid, Páginas 121-122
[24] Páginas 122-123
[25] Ibid, Página 124
[26] Davidka: Pieza de artillería
improvisada utilizada por la Haganá y Tzahal en la Guerra de la Independencia
[N. del T.]
[27] Páginas 153-155, Ver nota No.1
[28] Ibid, Página 130
[29]
”Like a bird on a wire,
Like a drunk in a midnight choir,
I have tried in my way to be free.”
Bird on the Wire, Leonard cohen,
[30] De bendita memoria [N. del T.]
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