Odio a los
judíos como grupo o al “judío” como concepto. Se distinguen
tres tipos de antisemitismo: a. religioso,
principalmente cristiano, que discrimina a los judíos por su
fe y sus tradiciones y por no haber aceptado a Jesús como
Mesías; promueve la conversión al cristianismo; b. político,
que se opone a otorgar a los judíos igualdad de derechos
civiles; promueve la asimilación social y cultural de los
judíos y su desaparición como grupo diferenciado; c. racista, que basa su odio en la
existencia misma del judío; promueve la separación física de
los judíos de la sociedad y en última instancia, su
exterminio. El término antisemitismo
fue acuñado por primera vez hacia finales de la década de
1870, y desde entonces ha sido utilizado con referencia a
todos los tipos de odio antijudío a lo largo de la historia.
El vocablo deriva del hecho de que el idioma hebreo pertenece
a la familia de las lenguas semitas, y en consecuencia los
judíos son “semitas”. Con ese criterio, lo serían también los
pueblos que hablan otros idiomas de la misma familia, como el
árabe y el etíope. Sin embargo, ese “semitismo” amplio no
existe, y de hecho ningún otro grupo ha sido objeto del odio y
el prejuicio que denota el antisemitismo El término en sí es un buen
ejemplo de cómo, en el último tercio del siglo XIX, los
prejuicios raciales y culturales pretendían sustentarse en
conceptos científicos. El odio
antijudío no es un fenómeno moderno – viene de tiempos
remotos. El antisemitismo tradicional estuvo basado en la discriminación
religiosa contra los judíos por parte de los cristianos. La
doctrina cristiana estaba imbuida de la idea que los judíos
eran responsables por la crucifixión de Jesús, y por lo tanto
merecían ser castigados (esto es conocido como el mito del
deicidio o muerte de Dios). Otro concepto que provocó el odio
de los cristianos contra los judíos fue el “mito de la
sustitución”, que sostenía que el cristianismo había
reemplazado al judaísmo, ya que los judíos habían fracasado en
su papel como pueblo elegido de Dios y por lo tanto debían ser
castigados, especialmente por el mundo cristiano. A través de
los siglos, diversos estereotipos sobre los judíos fueron
cobrando vigencia. Los judíos individuales no eran juzgados
sobre la base de sus logros o méritos personales, sino que
eran percibidos según diversos estereotipos (a menudo
combinados entre sí) como avaros, diabólicos, sectarios,
vagos, amantes del dinero y promiscuos. Se llegó al punto de
acusar falsamente a los judíos de utilizar la sangre de niños
cristianos como parte del ritual de la festividad de la Pascua
(acusación conocida como “calumnia de crimen ritual”). Los siglos XVIII y XIX brindaron
al mundo europeo la Ilustración – un movimiento filosófico que
basaba su visión de mundo en la razón y no en el dogma
religioso tradicional, el cual fue acompañado por ideas sobre
humanitarismo y progreso social y político. Sin embargo, el
antisemitismo
no desapareció durante la Ilustración, sólo cambió sus formas.
Al mismo tiempo que se les otorgaba a los judíos igualdad de
derechos en muchos países europeos, muchas personas expresaban
su aversión cuestionando si los judíos podían ser leales a los
estados que los incorporaban como ciudadanos. Por su parte,
aquéllos que se oponían a los cambios políticos y a la
modernización acusaban a los judíos de ser los promotores de
los mismos. Durante la década de 1870, se
incorporó al nuevo antisemitismo político el
antisemitismo “racial”, basado en las
nuevas ideas sobre la evolución de las especies expuestas por
el naturalista inglés Charles Darwin – quien nunca tuvo la
intención de que las mismas fueran utilizadas fuera del ámbito
de la ciencia. Los antijudíos comenzaron a definir a los
judíos eran una “raza” inferior en la escala evolutiva. Al
establecer que los judíos constituían un “problema” con base
física o genética, determinaron que el mismo nunca podría ser
solucionado, aun cuando los judíos se asimilaran totalmente a
su entorno social. Esta nueva forma de antisemitismo planteaba que los
judíos eran responsables por los problemas mundiales debido a
su “raza”. Esta manera de pensar encontró en
Alemania su expresión en un movimiento político nacionalista
denominado el movimiento Völkisch
(nacional). Los representantes de este grupo se oponían a la
industrialización y al secularismo que acompañaban a la
modernización, porque consideraban que destruirían la cultura
tradicional alemana. Acusaban a los judíos de socavar el
estilo tradicional de vida y sostenían que ellos formaban
parte del pueblo alemán. A fines del siglo XIX surgieron en
Alemania numerosos partidos políticos antisemitas, que fueron
revitalizados después de la derrota alemana en la Primera
Guerra Mundial. El antisemitismo emergió en Francia en la
década de 1890, durante el Caso Dreyfus, en el cual un capitán
judío fue falsamente acusado de traición por un grupo de
antisemitas. En la Rusia de los zares, el antisemitismo fue política
oficial del gobierno. Los judíos tenían restringidos sus
lugares de residencia dentro de ciertas áreas y la clase
gobernante promovió pogroms. Sólo después de la
Revolución de Febrero (1917) se les concedió la igualdad de
derechos. Muchos judíos participaron de la Revolución de
Octubre (1918) y ello proporcionó a los antisemitas, en toda
Europa, otra excusa para odiar a los judíos, ya que ahora los
asociaban a los aborrecidos comunistas. El Partido Nazi, creado en
Alemania en 1919 y llegado al poder en 1933, fue uno de los
primeros movimientos políticos basado esencialmente en el
antisemitismo
racista. Los nazis discriminaron a los judíos desde el
comienzo mismo de su régimen, primero instituyendo una legislación antijudía que separaba a los judíos del resto de
la sociedad y posteriormente exterminándolos por ser miembros
de una “raza inferior”. En los países que colaboraron con los
nazis o que fueron ocupados por ellos, las manifestaciones
locales de antisemitismo –ya fuera tradicional-religioso, político o
racial– contribuyeron a determinar el destino de los judíos.
Aun en los países que se opusieron a Hitler y a los nazis
existió algún grado de antisemitismo, y algunos expertos consideran que
posturas antisemitas inhibieron a esos países de esforzarse
para rescatar a los judíos de manos de los nazis. Después de la Segunda Guerra
Mundial, cuando el mundo tomó conciencia de lo que había
ocurrido en Europa, el antisemitismo se debilitó significativamente.
Numerosas instituciones cristianas reconocieron su profundo
error al haber cultivado el antisemitismo cristiano tradicional (el papa
Juan Pablo II calificó al antisemitismo como un pecado), y algunos
gobiernos no permitieron la implementación de políticas
antisemitas. Sin embargo, el antisemitismo se revitalizó en la Unión
Soviética apenas pocos años después de finalizada la guerra,
cuando Josef Stalin comenzó a perseguir sistemáticamente a
los judíos. Con el correr de los años, surgió
un nuevo tipo de antisemitismo La oposición a la existencia del Estado de
Israel (especialmente entre árabes y musulmanes) comenzó a
enmascarar su odio antijudío como “antisionismo”. Incluso la
Asamblea de las Naciones Unidas expresó su aprobación a ese
sentimiento antisemita en 1975, cuando adoptó la resolución
No. 3379 que declaraba que “sionismo es racismo”. Dicha
resolución fue finalmente derogada en 1994. La negación del Holocausto y el neo-nazismo son otras formas de expresión
del antisemitismo en el mundo moderno, al pretender absolver al nazismo
de sus crímenes o glorificar al nazismo y al odio antijudío
tal como existieron en el pasado.
Zadoff, Efraim (Ed.), SHOA - Enciclopedia del Holocausto,
Yad Vashem y E.D.Z. Nativ Ediciones, Jerusalen 2004. Basado en: Rozett, Robert & Shmuel Spector (Ed.),
Encyclopedia of the Holocaust, Yad Vashem and Facts On File, Inc., Jerusalem Publishing House Ltd, 2000